El baterista de la banda Liily confeso cómo le pidió matrimonio a la cantante en un viaje secreto a Japón; la historia tiene de todo: templos antiguos, un anillo escondido y una Miley que no paraba de llorar por la sorpresa

El amor de Miley Cyrus y Maxx Morando ya no es un rumor de pasillo, sino una historia digna de película de anime. El baterista de Liily, que lleva casi tres años con la intérprete de “Flowers”, por fin conto en una entrevista con Rolling Stoney cómo fue esa pedida de mano que los dejó a todos con el corazón en la mano. Resulta que el lugar escogido fue nada más y nada menos que Japón, un país que, según Maxx, siempre ha sido especial para los dos. Y ojo, que la propuesta no fue en un restaurante fancy ni en una discoteca, sino en un templo budista bien escondido en las montañas de Kioto.!


Maxx contó que todo fue planeado con meses de anticipación, pero que Miley, como buena estrella que es, no se imaginaba nada. “Ella pensaba que íbamos a comer sushi y ya”, Pero no, señores. El hombre llegó con un anillo de compromiso diseñado por él mismo, con un diamante amarillo rodeado de piedras pequeñas, porque, según explicó, “Miley es como el sol: brillante. La cantante, que iba vestida con un kimono prestado de una amiga japonesa, se quedó en shock cuando Maxx se arrodilló frente a una estatua de Buda y le pidió que fuera su esposa. “Ella dijo que sí entre lágrimas y abrazos, y hasta los monjes como testigo.


Pero eso no es todo, porque la historia tiene un detalle que derrite hasta el corazón más frío. Resulta que después de la pedida, la pareja celebró con una cena en un restaurante tradicional donde, en vez de pastel, pidieron mochi de matcha y cantaron karaoke. Maxx confesó que Miley se robó el show cantando “La Bamba” en japonés (bueno, intentándolo, porque no habla el idioma). “Fue el momento más divertido y sincero de nuestras vidas.


Ahora, mientras el mundo espera la boda del año, la pareja sigue viajando y disfrutando de su compromiso. Maxx adelantó que la ceremonia será algo íntimo, con menos de 50 invitados, y que probablemente la harán en un bosque de California. Pero, ojo, que también barajan la opción de repetir en Japón porque, según él, “allá el amor se siente más puro”.